¿Necesitamos limpiar nuestra mirada para reconocer el Reino
de Dios?
¿Qué prejuicios, apegos o recuerdos nos impiden descubrir su presencia y dejar
que transforme nuestra vida?
Sé, Señor, que
cada día estás ahí para levantarme. Pero necesitas que yo te dé la mano, pues
me has dado la libertad de elegir. Toma mi mano, Señor, y levántame.
¿Dejamos que
nuestro crecimiento esté bajo la mirada de nuestro Padre Dios y se desarrolle
según su voluntad?

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