¿Y nosotros, en qué actitud estamos? ¿Somos incautos y
conformistas hasta el extremo de dejarnos tomar el pelo?
Gracias, Señor,
porque tu Misericordia me sostiene. En ella encuentro la fortaleza para la
lucha y para perseverar.
Necesitamos espabilarnos y aprender a emplear la
astucia, no para engañar ni aprovecharnos de nadie, sino para combatir las
injusticias y transformar las realidades que nos rodean en espacios donde
florezcan la ternura, la justicia y la solidaridad.
Porque la caridad no consiste en dejar que todo
suceda, sino en comprometerse para que las cosas puedan cambiar. Y eso no se
consigue desde el buenismo, sino desde una bondad inteligente, valiente y
comprometida.

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