Seremos santos si vivimos defendiendo la justicia y la
verdad, aunque hacerlo nos ocasione incomprensiones o persecuciones. Porque el
mal no se vence con más mal, sino con el bien, la misericordia y el amor.
Quizás tengas
los ojos del corazón cerrados y no percibas la presencia del Señor. Él siempre
está a pesar del dolor. Precisamente su presencia es la que le da sentido al
sufrimiento.
Seremos santos si permanecemos fieles al amor, aunque
nuestra fe nos traiga incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden,
incluso insultos y persecuciones. Porque, aun en medio de las dificultades,
estaremos experimentando a Dios como amor, al procurar amar como Él nos ama.
