martes, 24 de noviembre de 2020

 

Cuando perdemos la esperanza de eternidad, el mundo pierde todo su sentido, ¿para qué tanto esfuerzo y luchas si todo acaba con la muerte? Nacemos para vivir y todo lo que no sea eso quita sentido a nuestra vida y debilita nuestra esperanza. Dentro de nosotros hay esperanzas de eternidad.

El mundo se acaba y toda la ciencia y avances técnicos, que parece que trabajan para la eternidad, se vendrán abajo. Es decir, terminarán desapareciendo. Sin embargo, no sabemos cuándo ni cómo, pero, sí que sucederá. Nuestra esperanza está en el esfuerzo de hacer nuestra vida eterna como nos promete Jesús.

Vida que debemos aprovechar para no dejarnos engañar ni seducir por todas esas aparentes maravillas que nos prometen bienestar y felicidad. Porque, todo eso será destruido como nos dice el Evangelio de hoy: Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

lunes, 23 de noviembre de 2020

 

Para Jesús no es tanto lo grandioso y cuantioso que lo que, dependiendo de que sea grande o pequeño, se haga con toda las fuerzas y la intensidad del corazón. Prima más para el Señor la cualidad que la cantidad y valor de lo que se dé o se haga. Jesús mira y le importa la buena intención y la generosidad plena de tu corazón.             

Porque, no se trata de simplemente dar, sin que lo que se da sea bien intencionado y con todo el desprendimiento de tu corazón. Es decir, gratuitamente y por auténtico amor. Un amor que se despoja de lo que tiene para darse integro al que le necesita. Por eso, aquella viuda conmovió a Jesús. 

En resumen, el detalle del amor, no está en la cuantía ni en el valor de lo que se da, sino en la disponibilidad y el amor con que se da. Independientemente de lo que se da sea de mucho valor o simplemente poco. Basta con la entrega, el despojo y el amor que se da.

domingo, 22 de noviembre de 2020


Nuestra vida tendrá un juicio, porque es lógico, de sentido común y hasta necesario. Nos parece justo que aquel que se ha portado mal y ha actuado injustamente en su vida, debe tener un juicio y resarcirse de todo aquello que haya hecho mal. Parece que es lo que todos pensamos. Y también que Alguien nos lo ha puesto en nuestros corazones.

Pues bien, no solo lo pensamos y lo descubrimos como algo razonable sino que también se nos ha anunciado. Dios, nuestro Padre, no quiere sorprendernos y nos avisa lo que va a suceder en el momento y la hora que cada uno tendrá que responder a los actos que haya vivido en su vida.

Y ese momento lo llamamos "juicio final" por el que todos tendremos que pasar. Y al que todos debemos responder de manera personal sin justificaciones de ninguna manera. Porque, eres tú quien has decidido dejarte llevar por lo que te hayan dicho otros o rechazar la Buena Noticia que te ha sido anunciada o negarte a escuchar y a conocer al Señor.

sábado, 21 de noviembre de 2020

 

El Evangelio de hoy nos plantea un aspiración que todo ser humano lleva grabada en su corazón. La muerte no es el final. Muchos lo creen, y otros, aunque dicen negarlo, no están seguros ni pueden nunca estarlos. Dentro de sí mismos sienten que su deseo es vivir eternamente. Luego, otra pregunta, ¿quién ha puesto ese deseo o aspiración dentro de nosotros?

La cuestión es creer lo que nos han anunciado aquellos - apóstoles - que conocieron a Jesús personalmente, pasaron con Él unos años y le vieron muerto y, tres días más tarde, asombrados comprobaron su Resurrección. Y pasaron unos cincuenta días disfrutando de esa gloriosa Resurrección prometida a ellos también cuando llegase su hora.

Nos lo han anunciado a nosotros. ¡Es precisamente lo que deseamos y sentimos dentro de nosotros! Luego, ¿qué nos pasa? ¿Cómo es posible que no demos crédtio a ese anuncio que tanto deseamos? Porque, la vida tan como la concebimos no tiene sentido. ¡Tanto luchar para luego quedarse en nada! ¿Te parece que eso tiene sentido? Supongo que merece la pena escuchar y razonar nuestra respuesta.

viernes, 20 de noviembre de 2020

 

Todos, por experiencia, sabemos que suele ocurrir con estas situaciones de poder. Las vivimos hoy tal como sucedió ayer. Los de arriba se acomodan y se sienten muy bien. Son los que mandan y gobierna y dirigen según sus intereses. Sentirse amenazados por la verdad le complica sus estados.

¿Cómo responde? No se cuestiona perder sus privilegios de poder y riqueza y la solución que toman es quitar del medio a quien les está descubriendo sus egoístas y malas intenciones que someten a los demás. Luego, maquinan, hasta lograrlo, la manera de matar al que estorba.

Y, desde ese momento, Jesús estaba en el punto de mira amenazado de muerte. Le rechazaron porque eso suponía perder toda su buena posición. Igual ocurre hoy, le rechazan porque eso supone la verdadera igualdad, no las que muchos predican. Una igualdad basada en la fraternidad y el amor.

 

 

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

 

 

Todos buscamos la felicidad y sabemos el camino, porque Jesús, el Hijo de Dios, nos lo ha enseñado con su Vida y demostrado con sus Obras. La más importante su propia Resurrección. Nos lo ha dicho claramente: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. 

Ahora, ¿qué nos ocurre? ¿Crees o no crees? Sabes que el mundo te propone riqueza, salud y amor, pero sin librarte ni de la muerte ni del esfuerzo para conseguirlas. Y sabes que sin dinero no se pueden conseguir. E incluso, por muy bien que te vaya, la muerte nos espera.

Luego, ¿de qué me vale todo esto?  Porque, al final lo que importa es la felicidad, y has experimentado que el mundo no te la da. Luego, ¿qué haces? ¿Cómo es posible que pierdas el tiempo gastando y derrochando tu vida miserablemente en cosas caducas? Despierta y escucha a Jesús.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

 

No es nada fácil amar al estilo de Jesús. Y, todavía más difícil sostener ese amor cada día exigiéndote salir de ti mismo y renunciar a muchas cosas que te tientan y te apetecen. La realidad es que te cuesta mucho renunciar. Y, amar, te exige eso, salir de ti mismo, pero, te da esa felicidad eterna que buscas. 

Y para eso, para que lo busques y lo encuentres, has recibido tus talentos. Los realmente necesarios para que, esforzándote y exigiéndote, puedas darlo amorosamente a los que lo necesitan de verdad. Porque, no se pueden gastar de cualquier manera, sino en los pobres que realmente lo necesitan.

Y, sucede que no es nada fácil ponerlos al servicio de los verdaderamente necesitados. Por eso, Señor, aprovecho este momento para decírtelo, aunque sé que Tú ya lo has advertido. Dame, Señor, esa sabiduría, capacidad y fortaleza para darlos y saber en quienes debo gastarlos. Amén.