lunes, 8 de agosto de 2016



El camino del cristiano es un camino de Cruz. Y eso no es fácil aceptarlo. Cuesta, sabiéndolo, emprenderlo, pero te atreves porque tu fuerza y valor descansan en el Señor. En Él se apoya nuestra esperanza de que, tras la Cruz, viene la paz, el gozo y la alegría.

Experimentas que un impulso misterioso te sostiene y te empuja a caminar. Otros, que no están en el Señor, no lo comprenden y se resisten a entrar por la puerta estrecha. Les apetece más entrar por el camino espacioso y cómodo, la puerta ancha.

Sin embargo, a pesar de lo duro del camino tras la puerta estrecha, el gozo está presente, y la alegría de sabernos hijos de Dios y salvados por su Misericordia nos inunda plenamente. ¿Se puede pedir más? Experimentamos que es el Amor, encarnado en Jesús, el Tesoro escondido.

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