No se trata de logros, ni currículos, solo de estar con Él. Jesús sigue
contando con nosotros para formar parte de una historia trascendental. En
ocasiones nos invaden las dudas: «¿Soy realmente digno?»
¡Qué privilegio y reto ser invitados!
Señor, sin Ti mi vida
está vacía y llena de las cosas de este mundo, perecederas e insaciables. Sin
Ti nada tiene sentido y todo pasa hasta el extremo de dejarnos igual e
insatisfechos. Gracias, Señor, por tu presencia.
No se trata de perfecciones, nos responde el Señor. Se trata de confiar en Él y de pedirle que nos ayude a no abandonar el monte, el espacio del encuentro, del estar a su lado, donde se forja la confianza y se fortalece la amistad.
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