Sin darnos cuenta, damos
prioridad a la ley antes que a la persona. De modo que muchas veces somos
esclavos de las normas escritas y del cumplimiento de la ley y obviamos el
valor de la persona.
Eso es lo que yo quiero,
pero mi frágil naturaleza humana, Señor, sucumbe a las tentaciones del mundo,
demonio y carne. Dame la Gracia de no rendirme y, asido a Ti, luchar y
esforzarme en hacer tu Voluntad.
Todo ha sido creado para beneficio de la persona, por lo que la regulación de las cosas debe estar orientada al bien de la humanidad y no para el dominio de la ley. La persona siempre en el centro de todo.
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