Aunque muchos no se den cuenta, y aunque en
tantos momentos de nuestra vida nos olvidemos, Jesús, el Señor, nos busca y se
hace presente en nuestro caminar. Esa es la diferencia: nuestro Dios se hace
hombre y habita entre nosotros.
Eso es lo que quiero, Señor, sabiduría para
tomar el camino y la decisión correcta, según tu Voluntad, en cada instante de
mi vida. Y hacerlo con firmeza, misericordia y amor.
A pesar de nuestros despistes, distracciones y
rechazos, Jesús, el Señor, insiste y no se cansa. Está siempre con los brazos
abiertos para acogernos y curar nuestras enfermedades, nuestras lepras
interiores y nuestras indiferencias.
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