Solo la Verdad, con mayúscula,
incomoda a quienes viven de verdades adulteradas por la mentira. Quizá por eso
los cristianos siguen siendo perseguidos.
Señor,
aunque sé que me cuesta y, sobre todo, me olvido, quiero y deseo, todos los
días de mi vida, que se haga tu Voluntad y no la mía.
Con frecuencia, el mundo prefiere las verdades cómodas antes que la Verdad que libera. Por eso todo aquel que la anuncia suele encontrar oposición. Esa es una de las raíces del sufrimiento de tantos hombres y mujeres de buena voluntad.
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