La primera escuela es la familia.
En ella aprendemos a relacionarnos desde el respeto, los derechos y la
libertad; y, sobre todo, a comprendernos y perdonarnos.
Señor, en muchos momentos mi ánimo
decae. A veces no sé ni a qué se debe; otras, mi impaciencia me deprime, y en
otras ocasiones quiero arreglar todo enseguida. Enséñame a discernir en paz,
Señor.
Es el lugar donde empezamos a
descubrir la necesidad de amarnos, porque nuestra naturaleza es imperfecta y
crece entre trigo y cizaña. Por eso necesitaremos siempre el amor y la
misericordia.
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