La buena actitud en la corrección debe
ir siempre encaminada a sacar al otro del error. Siempre cuidando la intimidad
y discreción.
Señor, sabes que yo quiero morir a mis egoísmos, pero
también conoces mis debilidades y que no puedo, que necesito la fuerza de tu Espíritu y que, sin
Ti, mi Señor, no moriré.
No se trata
de convencer ni de ganar. Se trata de encontrar la verdad y el bien común en
nuestra manera de ayudarnos en nuestras relaciones de cada día.
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