¿Estamos
también nosotros dispuestos a recurrir al Señor cuando nos reconocemos
incapaces e impotentes para resolver nuestros problemas?
Eso es lo que quiero y trato de hacer cada día. Con mis
errores, fracasos, debilidades y pecados pero confiando en tu infinita
Misericordia me esfuerzo, Señor, en hacer tu Voluntad cargando con mi cruz.
¿Nos reconocemos pequeños y vulnerables, hasta el punto de arrodillarnos, pedir ayuda, dar gracias y seguir apostando por la esperanza puesta en el Señor?
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