La resurrección de Jesús da sentido a nuestro dolor y
sufrimiento. La muerte, aunque nos produzca temor y tristeza, no es el final,
sino el paso a la verdadera vida. Esta certeza es la que sostiene nuestra fe y
nos llena de fuerza y esperanza.
Señor, dame la sabiduría y paciencia para darme cuenta
de que la santidad está en experimentar tu infinita misericordia y vivirla
sobrenaturalizando los actos humildes y naturales de cada día.
No nos lo ha dicho cualquiera, ni alguien que
simplemente goza de prestigio o reconocimiento. Nos lo ha dicho Jesús, el
Señor, el Hijo de Dios. Se ha ido a prepararnos un lugar y volverá para
llevarnos con Él. Esta es nuestra esperanza y nuestra confianza.

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