viernes, 14 de septiembre de 2018

Ante la certeza del sufrimiento y el dolor el hombre necesita esperanza. No podríamos vivir si en cada instante de nuestra vida tuviésemos presente la hora de nuestra muerte. Es un misterio que nos olvidemos y que lleguemos a vivir sin apenas tenerla en cuenta.

Sólo, cuando llega el dolor y el sufrimiento, recordamos que tenemos que morir. Sin embargo, desaparecidos dolor y sufrimiento, volvemos a olvidarnos. Incluso del dolor que sufren los demás. Es un misterio y conviene que tengamos en cuenta nuestro verdadero destino final.

Porque, sólo así podemos encontrar la verdadera esperanza que se esconden en la Cruz de Cristo. Dignificada con su Pasión y Muerte. Ella, la Cruz, es el signo de nuestra victoria y la esperanza de qué, a pesar del dolor y sufrimiento, venceremos a la muerte con la resurrección en Xto. Jesús.

jueves, 13 de septiembre de 2018

En muchos momentos de nuestra vida nos damos cuenta de las necesidades que tenemos y también de las que tienen los demás. Posiblemente, nuestra manera de actuar será solucionar las nuestras y dejar que el otro se las arregle él sólo. Si puede bien, y si no puede, pues… Yo hago mutis por el foro.

Jesús sale al paso de aquellos que se empeñan en seguirle a medias. Para unas cosas me interesa lo que dice Jesús, pero para otras no tanto. Luego, ¿qué hago? Pues, actúo según mis conveniencias y cuando me interesa fingir amor, finjo, pero cuando mis intereses son otros me doy la vuelta y no sigo.

De todas formas, Jesús lo deja todo muy claro: tenemos que ser compasivos y dar en la misma medida que queremos que nos den. Si quieres ser amado, ama tú también y con misericordia. No pretendas recibir lo que tú nos has querido dar. No aspires a recibir misericordia si tú no has sido misericordioso. Aplícate la canción y no te quedes a resguardo de la lluvia, sino empápate y mójate.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Está claro que el mundo no es el lugar donde reina la paz y la felicidad. Quizás es una esperanza y un anhelo que el hombre de bien busca, pero se encuentra sin fuerza ni capacidad para lograrlo Necesita la Gracia de Dios para alcanzarla y esa inquietud le lleva a su encuentro.

Pronto, el hombre avispado que piensa y reflexiona, experimenta que en el mundo no está lo que busca, pero, sí, por el contrario, es el lugar donde encuentra el camino para alcanzar esa felicidad que busca. El mundo te da la oportunidad de amar y de darte a los demás, y ahí descubres que encuentras lo que tanto buscas.

Es cuestión de pararte y reflexionar. Todo lo que el mundo te ofrece termina por desaparecer. Es caduco y tal como aparece se desvanece. Es una felicidad transitoria e incompleta. Sin embargo, cuando te das, cuando eres capaz de compartir, cuando, desinteresadamente, te ofreces al otro, experimentas gozo y felicidad. Una felicidad que permanece y siempre te acompaña. Dios ha llegado a tu corazón.

martes, 11 de septiembre de 2018

A la hora de tomar una decisión experimentas que necesitas consejo y asesoramiento. No siempre es fácil encontrar respuestas a los problemas que se te plantean. Unos, quizás, más trascendentes e importantes que otros y que tienen una incidencia muy importante en el camino de tu propia vida.

La cuestión es dónde encontrar ese asesoramiento. Porque, el mundo te aconseja desde la economía buscando tu interés, tu beneficio, tu egoísmo. Porque, el mundo no entiende de gratuidad y todo lo convierte en trueque, en intercambio, en busca de beneficios, y eso no te lleva a ninguna parte.

La cuestión es ponerte en relación con el Señor. Dios que te ha creado, que te ama y que sólo busca tu felicidad y tu bien en relación contigo mismo y también con los demás. Porque, todos somos hijos de Dios y a todos los ama profundamente y quiere ofrecerle la salvación, que, simplemente, consiste en estar y vivir con Él para toda la eternidad.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Hay muchas partes de nuestra vida que no funcionan bien. Experimentamos paralices en muchos miembros de nuestro cuerpo y nos abandonamos a ellas. Quizás nuestra voluntad está débil y casi paralizada y nos somos capaces de enfrentarnos a nuestros vicios y apetencias que sentimos que no nos hacen bien.

Pero, lo peor es que no advertimos que Jesús nos puede curar y no acudimos a Él. Y nos sometemos a la norma y a la ley sin darnos cuenta que esas parálisis nos ahogan y nos pierden. Necesitamos levantarnos y ponernos en la presencia de Jesús. Él está presente en nuestra vida y espera nuestras súplicas.

Pero, ese paso lo tenemos que dar nosotros. Primero, buscarle y estar en su presencia, y luego, dejar y hacer lo que Él nos diga. Sí, Señor, yo quiero que cures todas mis parálisis para liberarme de todas esas cadenas que esclavizan mi vida.

domingo, 9 de septiembre de 2018


La realidad de los tiempos que vivimos nos minan nuestras esperanzas y todo parece avocado a la perdición. Se pierden los valores y parece predominar la conciencia del relativismo que cada cual interpreta como le parece y de acuerdo con sus egoísmos e intereses.

Sin embargo, Dios no se olvida del hombre, pues se manifiesta dando vida al mudo y al sordo. Y un Dios que tiene poder para devolver la vida y sanar no nos dejará que el mundo nos venza y nos engulla. Sus acciones y palabras levantan nuestra esperanza y nos llenan de fuerza y ánimo.

A pesar de los males del hombre, Dios continúa su acción sanadora y salvadora, pero, necesita también de nosotros, porque nos ha dejado como continuadores de su Misión. Y tú y yo debemos, primero tener confianza y fe en su presencia, y, segundo, injertados en el Espíritu Santo, fortalecer nuestra lucha y nuestro apostolado.

sábado, 8 de septiembre de 2018

No hay ninguna duda, tu camino también estará lleno de dudas, de dificultades y de tentaciones. No irás a creer que a donde pretendemos llegar, la plena felicidad y vida eterna, nos va a ser fácil. Sabemos que todo aquí abajo cuesta y Dios, que nos quiere, también nos ha creado libres para probarnos.

Y en el camino de nuestra vida tenemos las pruebas. Pruebas que nos señalan la obediencia y la perseverancia en nuestra fe. José, la figura enorme que hoy nos presenta el Evangelio, fue un hombre creyente, paciente, obediente y convencido que Dios actuaba en su vida.

Fue un hombre con los ojos y los oídos bien abiertos para escuchar que aquello que sucedía en su vida era obra de Dios. También tú y yo somos obra de Dios, porque Él nos ha creado y, de la misma forma que actuó en José lo hace en ti y en mí. Abramos nuestros oídos y nuestros ojos para ver y escuchar la Voluntad de Dios.