domingo, 6 de diciembre de 2020

 

Para encontrar hay que salir, pero salir a lo desconocido, al riesgo de buscar, de responder a esa llamada de despegarte de tus seguridades, de tus apetencias, de tus comodidades y de tu individualidad. Solo así experimentarás y encontrarás la necesidad de amar, de dejarte amar, de dar y recibir.

Porque, saliendo de ti mismo recorrerás la experiencia de prepararte y conocer el verdadero amor que deseas, que buscas y que te da todo lo que esperas y ansías. Viene el Mesías pero, para recibirlo necesitas antes prepararte. Limpiar todo tu corazón de todo aquello que le impide entrar dentro de ti y transformarte.

Viene Jesús, y Juan te lo anuncia. Te invita a prepararte y a abrir tu corazón para recibirle. Él te propone un bautizo de agua, de disponibilidad, arrepentimiento y preparación. Pero, será Jesús, que es más grande que él, el que realmente te bautizará con el Espíritu Santo, porque Él es el enviado por el Padre

sábado, 5 de diciembre de 2020

 

Jesús nos invita a participar. Él cuenta contigo, pero sabe y conoce tus debilidades y posibilidades, y te acompaña para darte fuerza y sabiduría. Y, sobre todo, darte confianza y quitarte los miedos.

Pero, necesita que confíes en Él y creas en su Palabra. Un gramo de mostaza es la fe que el Señor te pide para que puedas mover montañas y para que tu corazón se convierta por la Gracia del Señor. Solo nos pide que tengamos fe en su Palabra.

Y nos envía en su Nombre «Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

viernes, 4 de diciembre de 2020


La ceguera no se limita solamente a la de los ojos. Hay cegueras espirituales mucho más profundas que nos impiden ver. Nuestra soberbia, ira, envidia, egoísmo y, en resumen, nuestros pecados, nos ofuscan y levantan barreras infranqueables que nos impiden ver.

Mis miedos, mis inseguridades, mis egoísmos y muchas cosas más me ocultan impidiéndome ver el verdadero rostro de Xto. Jesús. Necesitamos despojarnos de todas esas dificultades que cierran nuestros ojos – físicos y espirituales – al encuentro con el Señor.

Aprovechemos este tiempo de Adviento – para poder ver al Mesías -  para acercarnos al Señor y descubrirle en los pobres y más necesitados. En eso consiste este hermoso tiempo de Adviento. Un tiempo que nos ayuda a acomodar nuestro pobre corazón para que se aloje en él nuestro Niño Dios.

jueves, 3 de diciembre de 2020


Hay muchos momentos en nuestra vida, Señor, que mi fe se resiente. Y en muchos casos no sabemos a qué se debe ni para qué ocurre. Quizás, la rutina, el cansancio o una fe débil basta para hacerla zozobrar y derrumbarla.

La experiencia nos demuestra y nos hace ver ese problema. Durante nuestra travesía, cada instante es una amenaza y un peligro. Por eso, Señor, lo compartimos hoy contigo.

Si bien, es verdad, que hay también momentos de fortaleza y de ánimo. Momentos de esperanza y de alegría. Y así queremos seguir, Señor, aunque sabemos que también la cruz va con nosotros igual que fue contigo, Señor

miércoles, 2 de diciembre de 2020

 

A Jesús no le interesa nuestras virtudes ni todo lo que hagamos bien. Él busca nuestras debilidades, nuestras enfermedades, nuestras carencias Y no solo físicas, sino psíquicas, anímicas…etc. Busca saciar nuestra hambre y sed, pero del buen alimento que da Vida Eterna.

El ser humano siempre busca saciarse más, pero no encuentra nunca satisfacer su hambre y sed. Jesús viene a mostrarnos con esa multiplicación de los panes y los peces su Poder de saciar nuestra hambre y apagar nuestra sed. En Él encontramos nuestra salvación.

Pero, quizás nuestro camino terrenal nos exige experimentar esa necesidad de hambre y sed para abrirnos a su búsqueda y experimentarnos pequeños y humildes. Y, sobre todo, confiar que Jesús, el Señor, tiene Poder para satisfacernos con esa felicidad que colma plenamente nuestra sed y hambre de felicidad.

martes, 1 de diciembre de 2020

 

Descubrir que Jesús es el Hijo de Dios es una gran alegría, porque, ese encuentro alegra tu vida y la llena de esperanza ante los peligros y retos que tarde o temprano tendrán que llegar. Y esa alegría te ilumina y te hace humilde.

Humilde porque sabes que no te mereces ese inmenso y hermoso regalo que tu Padre Dios te regala. Por eso, encontrarse con el Señor solo le es permitido a los pequeños, pequeños por revestirse de humildad y sencillez. Pequeños por abrir su corazón a los deseos de Dios.

Y por Él, recibimos la sabiduría de conocer al Padre y de ser dichosos por ver lo que realmente vemos, la Gloria de Dios Padre que se realiza en nosotros, siervos pequeños y humildes, Todo porque el Hijo nos lo ha revelado. Abramos nuestros corazones a la Gracia de Dios Padre. Amén.