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lunes, 31 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No es cuestión de esperar sino de confiar. Se trata de saber que Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. ¿Cómo entonces nos va a abandonar? Dios, nuestro Padre, actuará para nuestro bien, eso es seguro. Ahora, quizás no a nuestra manera o gusto.

Padre, hay muchos momentos que me siento esclavo, sometido, obligado y sin deseos de estar contigo. No sé qué me sucede, porque, eso sí lo sé, en Ti está el gozo y la felicidad, pero me cuesta descubrirla. Dame, Señor, esa capacidad de experimentarla.

Siempre, nuestro Padre Dios, lo hará a su manera. Pero, siempre, eso es tan cierto como que es nuestro Padre, será lo mejor para nuestro bien. De modo, que haga lo que haga, será el bien de sus hijos. Y eso significa que nuestro Padre responderá a nuestras peticiones de hijos, y nos dará, eso sí, cuando Él lo disponga, esa felicidad que buscamos y que en Él encontraremos. Así lo pensó el hijo menor de la parábola de la misa del domingo.

sábado, 16 de octubre de 2021

 

 

La vida te pondrá en su sitio. O caminas con Jesús y le exaltas, anuncias y defiende. O, caminas sin Él, no le conoces y no le defiendes. Luego, llegada tu hora, tampoco Él te defenderá. Te dirá lo siguiente:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de...

Es bueno y necesario saber que Jesús no te va a dejar solo ante el peligro. Te lo ha dicho muy claro. Te defenderá si tú ahora, en este mundo, le defiendes. Y eso es el mayor tesoro que podamos tener. Sabernos defendido por el Señor, Creador de Cielo y tierra. Amén.

domingo, 4 de julio de 2021

 

La experiencia nos descubre que nos es más difícil dar testimonio con nuestra palabra en nuestra propia familia que fuera de ella. De la misma forma sucede lo mismo en nuestro pueblo. Sin embargo, sorprendentemente, no pasa lo mismo cuando nuestra palabra viaja y se manifiesta en otros lugares.

El Evangelio fue acogido de forma más entusiasta y auténtica por los gentiles – paganos – que por los propios judíos. Es la confirmación de la regla. Nadie es profeta en su tierra. Y es que valoramos a las personas por sus orígenes o apariencias que por lo que realmente son.

Nuestros criterios y convicciones nos vienen muy marcadas por nuestros orígenes, nuestras ideas e influencias de nuestros propios ambientes. Valoramos o desvaloramos según nuestra manera de medir nuestros propios estereotipos. Necesitamos despojarnos y vaciarnos para dejar entrar la Palabra

domingo, 23 de mayo de 2021

 

Hoy, la Iglesia celebra un día muy importante. ¡No estamos solos ante los peligros que nos tiende el Maligno! ¡Tenemos un defensor, el Paráclito prometido! Él nos auxiliará, nos defenderá y nos alumbrará el Camino que nos conduce por la senda de la Verdad y de la Vida.

Ser conscientes de que vamos bien acompañados y de que nuestra victoria está garantizada, nos dará fortaleza y esperanza para soportar y superar todas las adversidades que nuestras propias cruces nos presentarán. Por eso, ¡llenos de Espíritu Santo sigamos adelante!

Tenemos la promesa de la Infinita Misericordia del Señor: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

martes, 30 de marzo de 2021

 

A veces pienso que cada día de mi vida supone para Ti, Señor un día de cruz y de pasión por mis pecados. Tú te entregas voluntariamente para liberarme de esa esclavitud del pecado. Sin embargo, yo continúo con mis infidelidades y pecados. ¡Cuánto amor, Señor!

Y, a pesar de tu Amor, yo no cambio ni tampoco se conmueve mi corazón. Experimento vergüenza y remordimiento, pero no quiero desesperar como Judas, sino quiero esperar, llenarme de paciencia y confiar en tu Palabra Misericordiosa. ¡Perdóname, Señor!

Quiero, Señor, convertir mi vida desde lo más profundo de mi corazón. Dejar todo lo que me impide seguirte y caminar tras tus pasos. No sé cómo hacerlo, pero confío en Ti y en tu Palabra, y, abandonado en tus Manos, Dios mío, me entrego con todas mis fuerzas. Amén.