sábado, 5 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No nos debe resultar extraño, pues también hoy, a muchos les sucede lo mismo:  Piensan y creen que Jesús no es el Mesías, ni el Hijo de Dios. Incluso, muchos ni creen que haya un Dios y menos que envíe a su hijo. Y, por supuesto, le rechazan.

Madre, tú que soportaste el dolor de ver a tu hijo, inocente, camino del Calvario con la cruz a cuesta de todos nuestros pecados, intercede para que también nosotros sepamos soportar nuestras cruces, cargar con nuestros pecados y ofrecerlos a tu Hijo, nuestro Señor, para que Él, por su Amor y Misericordia Infinita, nos perdone y nos reconcilie con nuestro Padre Dios.

Hasta el extremo de pensar de forma xenófoba con respecto a la identidad del posible Mesías. ¿Cómo puede venir el Libertador de Galilea? Jamás el Mesía vendría de Galilea. Por tanto, ese Jesús es un impostor. Quizás nos parezca escandaloso, pero ¿no piensan muchos de nosotros así? La historia nos lo va descubriendo, hoy la Iglesia, fiel continuadora de la Buena Noticia que nos trasmitió Jesús, sigue siendo perseguida.

viernes, 4 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No se ha ido, sigue ahí, a nuestro lado, vivo. ¡Ha Resucitado!, y continúa su proclamación, ahora, a través de nosotros, sus discípulos, en la Iglesia que Él ha fundado, y en cada corazón creyente, auxiliado por el Espíritu Santo, el Paráclito que continúa su labor.

La cruz pesa mucho, lleva, no sólo mis pecados, sino los de todos, y eso, Señor, te hace caer. Pero, no te rindes, Señor, te levantas y nos muestras el camino y lo que hay que hacer. Nunca permanecer caídos, siempre, con el Amor del Padre, y la fuerza de tu Espíritu, Señor, levantarnos y seguir adelante.

Es perseguido, ahora, pues ya no pueden ni tocarlo, en sus seguidores, pero no consiguen silenciarlos. La muerte no es el final, y sólo es un paso para llegar a la verdadera vida, la eterna y en la gloria del Padre. Precisamente, eso es lo que celebramos dentro de unos días, el paso de la muerte a la Vida, siguiendo el mismo itinerario que nuestro Señor Jesús.

jueves, 3 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Qué Dios me he creado yo, el que me ha anunciado Jesús, u otro que yo he querido crearme? ¿Es mi Dios el revelado en la Escritura, y al que preparó el camino Juan el Bautista, o es un Dios que yo me acomodo a mis propios intereses?

Llevas todas mis indiferencia; mis burlas; mis miradas para otro lado; mis rechazos; mis olvidos; mis omisiones; mis risas; mis incomprensiones; mi soberbia; mis egoísmos; mis odios ... etc., sobre tus hombros. Te cansas, caes, pero, te levantas y sigues adelante. Y todo con y por amor y misericordia para mi salvación. ¡Jesús, mi Señor, ten piedad de mí!

¿Y dónde le busco, en el poder y la fuerza, o en los pequeños, marginados, excluidos y pecadores? Quizás esas sean las preguntas que debemos hacernos cada día. Nuestro Dios, mi Dios, es un Dios de amor y misericordia, y eso, porque sus hijos son pobres, pequeños, necesitados y pecadores. ¡Alabado sea mi Señor!

miércoles, 2 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El Hijo ha venido a hacer la Voluntad del Padre. Y lo que ve hacer al Padre, lo hace el Hijo. De tal manera, que Uno y Otro, son el mismo Dios en dos Personas, y se identifican hasta estar íntimamente unidos. Ese fue el motivo por el que querían matarle.

También yo soy cómplice de tu condena, Señor. Cada vez que te he dado la espalda, que te he mirado con indiferencia, que he permanecido en silencio volviendo mi mirada para otro lado, he apoyado tu condena. Perdóname, Señor, quiero enmendarme y seguir tus pasos.

A nosotros nos puede suceder algo parecido. Creemos en Dios, pero no creemos en Jesús, el Hijo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Y la Palabra del Hijo nos es indiferente, como también los Sacramentos instituidos por Él y la continuadora de su Palabra, la Iglesia. Y, posiblemente, menos creemos en la Resurrección. Recemos los que creemos por aquellos que no creen.

martes, 1 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No es cuestión de quedarte, sino de levantarte. Evidentemente, cuesta, hasta tal punto que quizás tú solo no podrás hacerlo, pero sí con ayuda. Y para eso ha venido Jesús, para ayudarte a levantarte. Claro, si tú lo aceptas y lo quieres.

Madre, contigo el camino se hace más llevadero, más asequible y más fácil de sortearlo. Tú me enseñas a sostenerme firme, a tener capacidad de sufrimiento y a saber esperar. Pero, sobre todo, a confiar en tu Hijo y a serle fiel.

Jesús no te obliga, simplemente te propone que lo que buscas – felicidad y gozo eterno – Él te lo puede dar. Sabe realmente lo que tú deseas y, por eso, te invita a levantarte y buscarlo. Con Él puedes encontrar eso que deseas, pero tienes una tarea, quizás ingente y dura, que realizar. Necesitas creer en su Palabra y dejarte guiar por sus consejos. Su Amor y Misericordia son infinitas.

lunes, 31 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No es cuestión de esperar sino de confiar. Se trata de saber que Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. ¿Cómo entonces nos va a abandonar? Dios, nuestro Padre, actuará para nuestro bien, eso es seguro. Ahora, quizás no a nuestra manera o gusto.

Padre, hay muchos momentos que me siento esclavo, sometido, obligado y sin deseos de estar contigo. No sé qué me sucede, porque, eso sí lo sé, en Ti está el gozo y la felicidad, pero me cuesta descubrirla. Dame, Señor, esa capacidad de experimentarla.

Siempre, nuestro Padre Dios, lo hará a su manera. Pero, siempre, eso es tan cierto como que es nuestro Padre, será lo mejor para nuestro bien. De modo, que haga lo que haga, será el bien de sus hijos. Y eso significa que nuestro Padre responderá a nuestras peticiones de hijos, y nos dará, eso sí, cuando Él lo disponga, esa felicidad que buscamos y que en Él encontraremos. Así lo pensó el hijo menor de la parábola de la misa del domingo.

domingo, 30 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El problema no es el pecado, sino el arrepentimiento y la confianza en la Misericordia de nuestro Padre Dios. La cuestión no es caer, porque nuestra naturaleza, herida por el pecado, es propicia a la caída. El problema es levantarse.

Silencia, Dios mío, todo ese ruido mundano que me desvía de mi camino hacia Ti. Haz que en el silencio interior de mi corazón, Tú ocupes el centro y mi vida sea reflejo de tu Palabra y Amor Misericordioso. Amén.

Porque, nos está permitido caer – para eso se nos ha regalado el Sacramento de la reconciliación – para levantarnos. Pero está prohibido permanecer en la caída. Nuestro Padre Dios nos espera con los brazos abiertos y no perdona con su Infinita Misericordia. Sabe de nuestras debilidades y caídas, y espera con una paciencia infinita y misericordiosa  nuestro arrepentimiento y dolor de corazón. Porque, sabe que lo que deseamos en lo más profundo de nuestro corazón es volver a Él.