No nos debe
resultar extraño, pues también hoy, a muchos les sucede lo mismo: Piensan y creen que Jesús no es el Mesías, ni
el Hijo de Dios. Incluso, muchos ni creen que haya un Dios y menos que envíe a
su hijo. Y, por supuesto, le rechazan.
Madre, tú que
soportaste el dolor de ver a tu hijo, inocente, camino del Calvario con la cruz
a cuesta de todos nuestros pecados, intercede para que también nosotros sepamos
soportar nuestras cruces, cargar con nuestros pecados y ofrecerlos a tu Hijo,
nuestro Señor, para que Él, por su Amor y Misericordia Infinita, nos perdone y
nos reconcilie con nuestro Padre Dios.
Hasta el extremo
de pensar de forma xenófoba con respecto a la identidad del posible Mesías.
¿Cómo puede venir el Libertador de Galilea? Jamás el Mesía vendría de Galilea.
Por tanto, ese Jesús es un impostor. Quizás nos parezca escandaloso, pero ¿no
piensan muchos de nosotros así? La historia nos lo va descubriendo, hoy la
Iglesia, fiel continuadora de la Buena Noticia que nos trasmitió Jesús, sigue
siendo perseguida.