viernes, 4 de marzo de 2016




Toda ley tiene un mandamiento principal. Uno que es más fundamental que otro y que preside a todos los demás. La principal justificación y consecuencia de nuestra existencia es el amor. Sin amor no hubiésemos sido creados.

Por lo tanto, amar es el fundamento de la Ley de Dios. Porque, Dios, es el Creador de la vida, y sin vida no estaríamos en el mundo. La vida, creada por Dios, nace del Amor que Él nos tiene y nos da. Por eso, al ser todos hijos de su Amor por nosotros, todos necesitamos amarnos también.

Porque en ese mutuo amor reflejamos nuestra filiación y fraternidad, y respondemos al Amor de Dios, puesto que somos reflejos de Él. Cuando amo a mi hermano estoy también amando al Dios que nos ha creado.

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