Podemos preguntarnos:
¿Qué preocupaciones mundanas nos quitan la paz? ¿Qué situaciones complejas nos
asfixian? ¿En qué momento relegamos tus palabras a la indiferencia o
superficialidad?
Sé, y en Él confío, que
ha venido a mí en la hora de mi bautismo para acompañarme en el camino de mi
vida, asistirme y auxiliarme siempre y cuando yo te abra mi corazón, Espíritu
Santo.
¿Cuándo soy tierra fecunda y espacio que acoge? ¿Soy camino, roca, zarza o tierra fértil? Nos invita a ser escucha y acogida, a cultivar lo oído, a recibir esa siembra y a hacer germinar tu Palabra en la vida real. ¿Abonamos nuestra tierra con su Palabra?
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