miércoles, 17 de agosto de 2016



A veces nos cruzamos de brazos esperando que nos den soluciones a nuestros problemas sin más esfuerzo ni responsabilidades. Cerramos nuestros ojos y oídos queriendo despreocuparnos de toda responsabilidad y desoyendo la voz de nuestro compromiso.

Se nos llama al trabajo y se nos ofrece una misión. Una misión que nace de nuestro Bautismo. En él quedamos consagrados como sacerdotes, profetas y reyes. Y fieles a ese compromiso debemos responder a esa misión. Una misión que no tiene medida ni tiempo sino entrega y dedicación hasta la última gota de nuestra sangre.

El Señor de la Viña no nos pide resultados, sino disponibilidad, entrega y fe. Una fe confiada y entregada en todo lo que Él nos propone y nos encomienda. Una fe dócil y esperanzada en su Palabra. Es la respuesta de María a la anunciación del Ángel Gabriel. Imitémosla y hagamos como Ella.

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