Decimos amar, pero luego
anteponemos el trabajo, nuestras vacaciones y bienestar social a las atenciones
a nuestros mayores. Sobre todo a nuestros propios padres. Nos preguntamos: ¿Es
eso amar de verdad?
Tú, mi Señor, eres la
esperanza de mi vida. Todo dolor, toda injusticia, todo mal y toda alegría los
pongo en tus manos, Señor, con la esperanza de que me ayudes a darles sentido y
a saber que todas conducen a Ti.
Podemos ser muy cumplidores de la ley y de las prácticas religiosas, pero si nos falta el amor, sobre todo a los más necesitados, ¿de qué nos valen tantas prácticas y leyes? ¿No es el amor lo primero?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.