La vida de Jesús fue una
lucha. Vino para vencer el mal y, en muchas ocasiones, experimentó la tentación
y la persecución. También nosotros las viviremos.
Cuando me alejo de ti,
Señor, y me dejo llevar por las cosas de este mundo, mi paz y serenidad se
resienten. Dame, Dios mío, la sabiduría de permanecer siempre a tu lado, ya sea
en la brisa suave o en las tempestades.
El espíritu del mal rechaza el bien, y más aún nuestra santidad. No
quiere nuestro testimonio cristiano ni que seamos verdaderos discípulos de
Jesús, nuestro Señor.
Pero no estamos solos: Cristo camina con nosotros y nos fortalece en
cada combate.
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