martes, 30 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Si mantenemos nuestra mirada fija en Jesús, aunque las tempestades no desaparezcan, aprenderemos a vivirlas de otra manera. Por eso es decisivo dónde ponemos nuestra mirada y nuestro corazón.

Abre mis ojos, Señor, para descubrirte en todo lo que me rodea, porque estás tan cerca, pero mi mirada no te encuentra. Enséñame, Señor, a saber mirar.

Navegar llevando a Jesús a nuestro lado nos fortalece ante las inclemencias del tiempo y nos llena de paz para no desfallecer, manteniendo siempre la esperanza de que Él permanece entre nosotros.

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