Nuestra
indiferencia ante el testimonio de amor de los demás nos delata como tibios o
insensibles a la Buena Noticia.
Señor, sé que
solo contigo, y poniendo todo el esfuerzo que se me ha dado, creceré en tu amor
y misericordia. En tus manos me pongo.
¿Cuál es nuestra actitud ante la Palabra de Dios, la semilla que ha sido sembrada en nuestro corazón?
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