No tenemos otra opción de demostrar
nuestro amor a Dios, sino amando al prójimo. Sobre todo, a los más necesitados
y vulnerables.
Ven Espíritu Santo, enciende en mí
la llama de tu amor y haz que mi corazón se abra a tu acción de cada día para
vivir en la Voluntad de mi Padre Dios.
Y solo con la fuerza recibida de
nuestra unión con Dios, podemos amar a los demás, tal y como Él nos ama. De ahí
que el primero sea nuestra unión con Él.
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