miércoles, 7 de junio de 2017


El hombre tiene razones para creer en la vida eterna. Primero, porque lo tiene grabado a fuego en su corazón, y segundo porque experimenta esa aspiración y lucha por lograrla. La ciencia, en el terreno médico y científico, ha avanzado mucho. Y continúa avanzando.

Sin embargo, una Persona, nuestro Señor Jesús. Enviado por Dios, ha venido a revelarnos que Dios nos ha creado y también nos quiere salvar. Y Él es el enviado, no sólo a decírnoslo, sino a enseñarnos el camino de salvación. Para ello, nos lo proclama con su Palabra, sus Obras y su Vida.

Hay muchas razones para creerle. Su Palabra es veraz, porque lo que dice lo cumple. Sus obras están ahí a la vista de todos. Y su Vida es intachable, pues su Palabra coincide con lo que siente nuestro corazón. Pero sobre todo, lo último, ha Resucitado. Y eso lo dice todo.

martes, 6 de junio de 2017

Habían sido descubiertos en la parábola de la viña y les había puesto en entredicho sus poderes y manejos. Se habían apoderado de esa Palabra de Dios manejándola a su antojo. Y eso les descubres y les molestan. Y tratan de quitarlo del medio. Ahora, aprovechando esa tensión, le buscan para ponerlo de nuevo en aprietos.

Quizás no nos extrañe que hoy esté ocurriendo lo mismo. El poder político está en tela de juicio y se debate entre ganar poder y mandar. Jesús les molesta y le tienden una trampa. No hay escapatoria.  O defiende al Cesar o al pueblo. Y uno de los dos quedará ofendido. Así que, con esa intención la hacen, tras disimular la pregunta.

La respuesta les tumba y les deja sin palabras y totalmente derrotados. «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». No se puede poner a la misma altura lo de aquí abajo, ya sea social o político, que lo de Dios. Él quiere que nos amemos, y amándonos todo, tanto social como político queda resuelto.

lunes, 5 de junio de 2017


Nuestra propia tierra es una viña que, bien cultivada, debe de dar buenos frutos. Pero, nos ha sido dada en alquiler durante un tiempo concreto. No sabemos cuánto, pero mientras está a nuestro cargo y debemos cuidarla y hacerla producir. Debemos aprovechar el tiempo y dar buenos frutos.

El mundo es una Viña universal que depende de la labor de los viñadores a la que ha sido dada. Y esa labor dependerá del trabajo y dedicación de cada uno. La Iglesia debe cultivarla y cuidarla, pero también estará relacionada con el papel de cada viñador.

Es la Iglesia la suma de pequeñas iglesias domesticas, que, unidas y bien relacionadas, en común solidaridad transforman el mundo y dan buenos y hermosos frutos cuando venga el Hijo, enviado por el Padre, a recogerlos.

domingo, 4 de junio de 2017

Cuando el hombre no sabe dónde ir, su camino es borroso, dubitativo y sin esperanza. Anda perdido y sin rumbo, y su vida pierde todo sentido. Es más, no se puede entender su existencia, pues sin caminos no se sabe a dónde se va. Y eso es lo mismo que decir que está anulado o loco.

Es, pues, vital encontrar el sentido de tu vida y la meta a la que te diriges. No puedes caminas sin tener trazado un camino y una meta. Y, en ese andar, el hombre descubre que busca la felicidad eterna. Esa es su meta y el destino de su viaje. Quiere ser feliz y eterno. ¿Pero cómo?

Posiblemente, muchos no lo sepan; otros lo buscan por sí solos; otros han oído que hay un camino. Pero, pocos son los que, no sólo han oído que Alguien ha venido para enseñarnos ese Camino. Y, primero, lo ha recorrido Él, para enseñárnoslo. Y lo hace con su Palabra y su Vida. Ahora, nosotros, si queremos encontrarlo tendremos que también recorrerlo acompañados de Él.

sábado, 3 de junio de 2017

Ha ocurrido muchas veces entre familias que, los talentos de unos molestan a otros. No hay alegría general por los logros de unos, sino que genera envidias y disputas. Ocurrió con aquel padre amoroso que, regresando su hijo menor, el mayor enfadó porque su padre la había recibido con alegría y fiesta.

Y nos molesta que nuestro padre sea generoso con los demás, incluso con nuestros propios hermanos. No resistimos que, a los débiles o que no cumplen, les perdone. Exigimos que todos se porten como nosotros lo entendemos. Sin embargo, cuando se trata de nosotros pensamos de otra forma.

¿Nos importa a nosotros lo que hace nuestro padre? ¿Tenemos derecho y autoridad para imponerle lo que nosotros sentimos o nos gustaría? ¿Nos gustaría que a nosotros se nos perdonase nuestras debilidades y errores o faltas? Son preguntas que nos pueden ayudar a reflexionar y, con ayuda del Espíritu Santo, encontrar luz para entenderlas.

viernes, 2 de junio de 2017

El hombre sabe que el mundo sólo le satisface a media. Está cansado de luchar y todo sigue igual. Sabe perfectamente que todo lo que podrá alcanzar se perderá al final. Así que la felicidad que pueda alcanzar, de la misma manera, incluso, más fácil, se perderá.

Entre otras cosas, porque este mundo es caduco y todo termina con él. El mayor error será instalarse en la mediocridad a la que el mundo le invita y dejar pasar así la gran oportunidad de alcanzar eso que experimenta dentro de sí, la felicidad. Necesita responder a ese impulso y ponerse en camino.

Y esa es la invitación que Jesús te ofrece hoy. Al igual que a Pedro, te dice que le sigas, y que salgas de ti mismo. Te invita a desinstalarte y a seguirle, porque en Él está esa felicidad y paz que buscas y que descubrirás cuando le conozcas.

jueves, 1 de junio de 2017

La vida se vuelve dura. Para unos desde el principio, pero para otros a través del camino. Unos tempranos y otros más tardes experimentaremos la soledad, el sufrimiento, el dolor y todo aquello que te amenaza con hacerte dudar y desistir de tu seguimiento al Señor.

No es fácil sostenerse firme y seguir los pasos del Señor. En cierta forma es lógico, son pruebas que nos descubren la firmeza y el compromiso de nuestra fe. Porque, sólo en esos momentos de lucha, de dolor y de sufrimiento podemos demostrar el compromiso de nuestra fe.

Pero, el conocer que está ahí, acompañándonos y que, como nos dice hoy en el Evangelio, que reza por nosotros, nos da fuerza y ánimo para continuar el camino. Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno.