viernes, 7 de septiembre de 2018

A veces me pregunto qué sería de este mundo sin la presencia de Jesús entre nosotros. Sería muy triste y, al menos a mí, se me haría muy difícil vivir sin la esperanza de la resurrección. Jesús es esa esperanza y él nos trae ese Vino nuevo que da sentido a nuestra vida y nos llena de verdadera alegría.

Indudablemente que hay que experimentarlo. Es necesario encontrarse con Jesús, porque Él es quien dará nueva energía a tu vida que la llenará de fiesta y alegría. Sí, habrá momentos de ayuno, de sacrificio y de penurias que nos harán pasar por momentos de oscuridad, pero la esperanza es que Jesús está siempre con nosotros.

Él es la liberación y la alegría. Quienes descansamos y confiamos en Él encontramos, aún en esos momentos de lucha y angustia, la reconfortante paz y serenidad que nos sostiene firmes, con una alegría contenida y en paz. Porque, Él nos viene a dar el Vino nuevo que nos fortalece y nos llena de alegría, para transmitir nuestra esperanza y nuestra fe.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Las redes tienen que ser lanzadas en nuevos mares, porque hay muchos pescados que quizás necesitan ser atrapados por la Palabra de salvación que los arrebates de las profundidades del océano – la oscuridad – y los devuelva a la luz.

Y en eso confiamos, en que vamos en su Nombre. Sabemos de los peligros, pero confiamos en el Señor y en Él nos aventuramos a proclamar su Palabra. Hemos ya presentido el peligro y, a pesar del miedo y la inseguridad, remamos mar adentro, Señor, porque Tú así nos lo mandas.

Y apoyados en tu Palabra lo hacemos, lanzamos nuestras humildes y pobres redes para que aquellos que están presos de la oscuridad y el desconocimiento te conozcan, escuchen tu Palabra y encuentre el camino hacia la Luz, la verdadera Luz que da Vida Eterna.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Nos confesamos cristianos, pero, ¿qué hacemos que nos descubra nuestro ser cristiano? ¿Tenemos a nuestro Padre Dios presente durante el día que vivimos? ¿Le dedicamos un tiempo especial para hablar con Él y para tenerlo presente durante nuestras actividades de cada día? ¿En qué se nota que somos cristianos bautizados?

¿Cómo puedo tratar de vivir en la Palabra de Dios si apenas le tengo presente y le dedico tiempo para escuchar y meditar su Palabra? ¿Cómo crees y piensas que se puede seguir a Jesús? ¿Crees que sin tenerlo presente en los acontecimientos de tu vida puedes seguirlo?

Sólo hay un camino y es Él. Seguirle exige estar en pleno contacto con Él cada día. Hablarle en oración silenciosa y sin ruidos externos que nos ayude a guardar silencio en nuestro corazón para escucharle. Dar testimonio con tu vida y palabra de su mensaje de amor y servir aliviando todo lo que puedas a los que lo necesitan.

martes, 4 de septiembre de 2018

La autoridad que desprendía Jesús estaba sustentada en su Palabra y sus obras. La una se correspondía con la otra y lo que decía con tanta seguridad, firmeza, sencillez y humildad, sin ansias de lucimiento, tocaba el corazón de todos aquellos que la escuchaban.

Decimos muchas palabras cada día, pero muchas las decimos sin sentirlas, como fórmula rutinaria y acostumbrada. No sale nuestras palabras del corazón, y cuando lo hacen se nota y llegan al corazón del otro. De eso todos tenemos vivencias y recuerdos.

Solemos decir: ¡has hablado con emoción y hemos notado que tus palabras salían del corazón! Y lo decimos hasta con cierta emoción nosotros también. Es la prueba que cuando lo que decimos sale de dentro en verdad y compromiso, la palabra llega al otro. ¿Realmente hablamos y actuamos así en nuestra vida?

lunes, 3 de septiembre de 2018

Hemos nacido a la vida del Espíritu en nuestro bautismo. Es nuestro nacimiento espiritual y eterno y en él adquirimos un compromiso que nos llena de gozo y alegría. Un compromiso de vida eterna que debemos guardar con ánimo de espíritu y disponibilidad para el servicio.

Se hace difícil responder, eso es obvio, pero esa es la prueba de nuestra fe. Y en la medida de nuestra respuesta también crecerá la Vida de la Gracia en nosotros que compartiremos con los demás. Ese es el camino y el compromiso, imitar a Jesús tal y como Él hizo.

Dejarnos, pues, guiar por el Espíritu es la llamada que todos recibimos en nuestro bautismo y a la que estamos llamados a responder. Y lo hacemos en la medida que nos acercamos a los sacramentos, practicamos la oración y frecuentamos la Eucaristía y la Penitencia. En ese esfuerzo el Espíritu nos fortalecerá y nos alumbrará.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Los judíos habían llenado la ley de muchas normas. El Decálogo, los diez Mandamientos, iban quedándose en un lugar secundario. Olvidaban la Ley de Dios para tener más presente la formulada por los hombres. Normas y costumbres como lavarse las manos y purificar los vasos y jarras no eran de vital importancia.

Pero, ellos, los judíos fariseos y escribas les daban mucha importancia llegando a pensar que esas normas les purificaban. Y no es así. Jesús le descubre y les anuncia que lo importante está dentro del corazón del hombre. No se trata de aparentar exteriormente, sino de vivir interiormente la verdad, la misericordia y la justicia.


Todos sabemos, y no debemos buscar justificaciones, que lo importante no es el precepto sino el amor. Y el amor vive en el corazón del hombre. Por lo tanto, eso es lo importante ser coherente con lo que se fragua en nuestro corazón. Porque, al final no se nos va a juzgar por los lavados de mano u otras normas, sino por el amor.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Todo lo que has recibido te ha sido dado gratuitamente. Y de la misma forma que se te ha regalado, también se te pide que tú lo regales a los demás. Experimentas que eres un egoísta cuando te guardas todas esas cosas para ti y no las compartes. Sobre todo con los más necesitados.

Ese deseo irrefrenable de amar te empuja a hacer el bien y a compartir todo lo bueno que tienes. Sabes que guardártelo no está bien y te experimentas egoísta y tacaño. Y eso no te hace feliz. Sin embargo, cuando compartes y no sólo das, sino que te das a los demás tu amor crece y experimentas gozo y felicidad.

Es hermoso y gozoso experimentar que lo has recibido no lo has enterrado ni guardado para ti, sino que lo compartes y, dando frutos, otros cogen el beneficio de tus talentos. Eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros, que lo que hemos recibido lo pongamos a rendir frutos.