martes, 7 de abril de 2020

Diácono Luis Brea Torrens: Lectura orante del Evangelio del Martes ...
La Cruz glorifica a Dios y a Jesús. La muerte del Hijo por verdadero Amor glorifica el Amor del Padre, que ha enviado a su Hijo al mundo por Amor. Y el Amor de Dios se manifiesta y, por tanto, le glorifica en la entrega voluntaria de Jesús, su Hijo, en la Cruz.

Y a todos los que creen en Él les alcanza también la gloria de Dios por los méritos de su Hijo al entregar su Vida en la Cruz. Por eso, la Cruz es el máximo signo de salvación porque, por ella, alcanzamos la Misericordia de Dios y la plenitud de Vida Eterna.

El pecado no tiene la última palabra, ni la cruz que cada uno tendrá que compartir en el Señor, es el final, sino todo lo contrario. Es el signo del triunfo y de la Gloria de Dios. Es el triunfo del Amor y, por tanto, la plenitud eterna. Una eternidad que nos exigirá levantarnos cada día a pesar de nuestras repetidas caídas.
María unge a Jesús (Juan 12, 1-11)
La mayor dificultad de nuestro seguimiento a Jesús es dedicar nuestra trabajo y nuestros talentos para servir a los pobres. Entendiendo por pobres aquellos que no pueden devolverte los favores de lo que tú le hayas dado o servido. Es decir, de los que nada puedes sacar.

Seguir a Jesús es eso y todo lo demás nos puede ayudar, son manifestaciones de adoración, de peticiones y de súplicas que salen del fondo de nuestra alma en agradecimiento por darnos su Fortaleza y su Gracia para poder amar de esa forma. Esa es la esencia de nuestra fe, estar con Jesús en los pobres.

Si en ese culto no se esconde esa disponibilidad de optar por la pobreza no hemos entendido nada.  Ahora, tampoco hay que desesperarse, porque, si lo logramos, no será por nosotros sino por la Gracia de Dios, y para eso, está nuestra insistencia y perseverancia de pedírselo.

domingo, 5 de abril de 2020

Residencia Santa Mónica: Vivir el Domingo de Ramos, ciclo A
La vida cuando se instala en el egoísmo pierde todo su sentido. El hombre ha sido creado para amar y cuando se aleja del amor se desorienta e incluso se destruye. Jesús muere por amor y, por amor, entrega su Vida. Una Vida anunciada para servir y no ser servido.

Sin lugar a duda que nos marca el camino: servicio por amor. Porque, podemos confundirnos cuando servimos, pero hay un interés por medio y el servicio se mezcla con la filantropía. Sólo el amor sin condiciones nos salva y nos llena plenamente. Un amor como el que nos da Jesús.

Un amor que, a pesar de llevarnos a la Cruz, nos descubre esa paz y felicidad que andamos buscando. Un amor que sólo encontramos en Jesús y que, en Él podemos también nosotros llegar a imitarlo encontrando la fortaleza necesaria para entregarnos al servicio y al amor.

sábado, 4 de abril de 2020

Jn 11,45-56 | Evangelio del dia
Los fariseos y sumos sacerdotes maquinaron excluir a Jesús y matarlo. Sus obras, sobre todo la resurrección de Lázaro había sido la gota que colma el vaso. Estaban perdiendo toda su clientela y pronto se verían sin nadie y con la amenaza que los romanos acabaran con ellos.

Tenían miedo, pero, más que miedo por la amenaza romana, miedo a perder sus acomodadas situaciones de privilegios y de dominio del pueblo. La solución la dio Caifás, sumo sacerdote de aquel año, profetizando la muerte de Jesús por todo el pueblo y nación. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo?

Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

viernes, 3 de abril de 2020

Cruz Catóilca
Hoy hay muchos que creen en Jesús y tratan de seguirle, pero también hay otros que no le aceptan y se resisten a aceptarle o le son indiferentes. Muchos de ellos buscan razones que les convenza y se olvida que Dios es Infinito y no podemos entender su Misterio. Necesitamos de la fe.

Nuestra inteligencia no nos da para entender el misterio de Dios. Si así fuera no haría falta que viniese Jesús ni que muriera por nosotros. Él se hizo hombre para, estando entre nosotros y padeciendo como nosotros, enseñarnos y anunciarnos que Dios es nuestro Padre y nos quiere.

Pero, el hombre es obstinado y suficiente y se niega a confiar en Jesús que le revela el amor de su Padre y le muestra con su Vida y Obras la Voluntad del Padre que le ha enviado a liberarlos del pecado entregando su Vida para devolverles la dignidad de verdaderos hijos de Dios.

jueves, 2 de abril de 2020

Juan 8,51-59 – guarda mi Palabra - Roguemos al Señor
El Misterio de Dios es impresionante, pero real, porque tu existencia lo está descubriendo y certificándolo. Pero, lo más extraordinario es la Persona de Jesús, que muchos han conocido personalmente y otros lo conocemos por su apóstoles y por la Iglesia. Su vida y su obra manifiestan claramente la existencia de Dios.

Él ha venido a anunciarnos esa elección que ha hecho de cada uno de nosotros al querernos como hijo, y a revelarnos la promesa de salvación con esa alianza que ha hecho con cada uno de nosotros. Una alianza que llevamos impresa en nuestros corazones.

Jesús es el centro de nuestras vidas. Dios se hace semejante a nosotros en Jesús al tomar nuestra misma naturaleza humana, y por su entrega voluntaria, pagar por nuestros pecados, a una muerte de cruz dándonos a cambio el perdón por la Misericordia Infinita de su Padre Dios.

miércoles, 1 de abril de 2020

Evangelio Seglar para el Domingo 33 del Tiempo Ordinario (18-11 ...
Jesús, el Señor nos quiere dar la libertad a todos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sólo la Verdad nos hace libre. En Él está la Verdad y es ella la que nos dará la libertad, porque, ser libre es vivir en la verdad y la justicia. No se puede ser libre en la mentira y en la oscuridad.

Pregúntate, ¿qué te hace esclavo y te impide ser libre? Es la pregunta que todos debemos plantearnos y hacernos. Piensa en todas las cosas que te impiden ser libre: tus ambiciones, tus miedos, tus apegos, tus placeres, tus comodidades, tu afán de riqueza…etc.

El mundo te ofrece mucho, pero a condición de esclavizarte y someterte a su ley. Nada te deja en libertad para hacer lo que realmente quieres, hacer el bien y no envidiar a nadie. Vivir en paz y en armonía. Todos buscamos eso y no lo conseguirás sino en Dios, que ha enviado a su Hijo para darte la verdadera y plena libertad.