viernes, 1 de abril de 2016



Jesús guarda una sorpresa de su Divinidad y Poder cada vez que se presenta delante de su discípulos. No obstante, Alguien que ha Resucitado no puede aparecerse sin demostrarlo. Y Jesús aprovecha para dejar muy claro quién es.

Hoy, cuando se les presenta a orillas del mar de Tiberíades, les pregunta si tienen pescado, y a la respuesta negativa les indica que echen la red a la derecha de la barca. El asombro es que la sacaron llena. Luego, ante tal prodigio advierte la grandeza y el poder del Señor.

Se abren sus ojos e iluminados por la Gracia del Señor, se dan cuenta de que es Jesús, su Maestro y Señor. Quizás, también a nosotros nos ocurra algo parecido. No en vano somos también sus hijos, y ha dado su Vida también por nosotros. La diferencia es que, dormidos en este mundo prepotente y consumista, no advertimos su presencia.

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