lunes, 4 de julio de 2016



Las respuestas, a nuestras súplicas y peticiones, de nuestro Padre Dios no son siempre, aparentemente, atendidas. Al menos como a nosotros nos gustaría. Porque Dios sabe lo que realmente nos conviene, y no todo lo que le pedimos es bueno en orden a nuestra salvación. Nosotros no sabemos pedir, pues nuestro corazón, sometido a los placeres y pasiones de este mundo, nos confunde y pierde.

Conviene, pues, pedir al Señor que nos enseñe a pedir y a discernir lo bueno de lo malo. Pero, sobre todo, a descubrir lo que, a pesar de que a primera vista no parezca apetecible y bueno para nosotros, sea realmente lo que nos conviene.

Y confiar pacientemente en su Bondad, Presencia, Palabra y Amor. Un Dios Padre, que nos ha creado por Amor no nos abandona nunca. Y siempre estará pendiente de nosotros, porque, por su Amor, ha entregado a su Hijo para salvarnos.

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