martes, 5 de julio de 2016



El hombre cuando tiene la oportunidad de apoderarse del tesoro, lo guarda, lo esconde y no lo quiere compartir. Y cuando experimenta la tentación de tomar lo que no es suyo, difícilmente se resiste y lo toma. Es lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo. Sobre todo en el ámbito político.

De la misma manera, proclamar la Buena Noticia de Salvación exige renuncias, desprendimiento y gratuidad. Y eso parece que está en contradicción con los valores del mundo, que aplica la ley de tanto tienes, tanto vales. Te doy esto a cambio de lo otro.

Por lo tanto, buscar obreros que vivan esos valores y lo proclamen es tarea ardua y difícil. Porque el hombre, esclavizado por su egoísmo, se experimenta atado aunque no lo perciba. Y ciego y encadenado no encuentra el verdadero camino que le lleva a su única y verdadera aspiración: La Vida Eterna que Jesús, en nombre del Padre le ofrece.

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