jueves, 28 de julio de 2016



Se equivoca aquel que piensa que la última palabra la tiene la muerte. Se equivoca, porque nuestra esperanza nos mantiene viva la aspiración de eternidad que el hombre experimenta en lo más profundo de su interior. La vida ha sido creada para vivir y no para morir.

Y esa aspiración tiene su eco en Jesús, el Hijo de Dios, que da su Vida para que tú y to tengamos también Vida Eterna. Él nos lo proclama y promete: “Yo soy la Resurrección y la Vida: el que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en Mí, no morirá para siempre.”.

Sin embargo, no sólo la muerte no tiene la última palabra, sino que después de la Resurrección, Jesús, el Señor, nos dice lo siguiente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?»

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