miércoles, 5 de octubre de 2016



No hay nada más loable y hermoso que pedir por los demás. Porque eso pone a prueba tu amor y tu desapego e interés por el bien de los demás. Esa es la esencia del verdadero amor. Pero, también es hermoso pedir para que nuestras capacidades se pongan al servicio de los demás y sirvan para hacer el bien a todos.

Pero, quizás, lo primero que hay que pedir es el don de la fe. Sin fe no pediremos ni tampoco sabremos pedir. Necesitamos creer y poner toda nuestra confianza a los pies del Señor. ¡Señor, danos el don de la fe!, porque la fe es la hija de la oración, y la oración la madre de la fe.


La fe alimentará nuestra oración y le dará confianza y perseverancia. La fe nos ayudará a confiar y a esperar la respuesta de nuestro Padre Dios. Y la fe nos sostendrá en la esperanza de saber discernir todo aquello que recibamos para utilizarlo según la Voluntad de Dios.

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