viernes, 27 de enero de 2017

Jesús nos explica que el Reino de Dios es como un hombre que echa un grano en la tierra. Y hagas lo que hagas, duermas o se levante, el crecimiento de ese grano no se detiene. Nuestro tiempo es igual. Caminamos, quieras o no, hacia el Reino de Dios. Porque no hay otro camino.

Y, valga la redundancia, ese camino se terminará un día. Es el final de nuestra vida, nuestra hora, o la segunda venida de nuestro Señor. No conocemos la hora, ni de una u otra. Pero, como el grano de trigo, no se para y continúa su camino. Llegará su momento. Así de sencillo. Es irreversible.

También, en cada uno de nosotros, Dios ha sembrado en nuestro Bautismo la semilla de su Palabra, y el camino de salvación. Ha enviado a su Hijo, Jesús, para señalarnos el Camino. Y regresado su Hijo con el Padre, ha venido el Espíritu Santo, encargado de acompañarnos hasta el final. Dependerá de ti y de mí que respondamos a su llamada de salvación.

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