martes, 7 de febrero de 2017

Siempre ha ocurrido que muchas costumbres terminan por ser leyes, aun yendo en perjuicio del hombre. Y, lo peor, es que nadie se atreve a cambiarlas y todos pasan bajo ellas. Jesús, el Señor, las criticas y las pone en cuestión, y las somete en función del hombre.

Esas tradiciones, costumbres o leyes someten al hombre. Nadie las mueves y el poder de la época las mantiene según les convenga. Jesús se enfrenta con la ley del sábado. Hoy, en el Evangelio, les descubre a los fariseos y escribas de su época que lo importante no son las apariencias externas ni lo que mancha al hombre externamente, sino lo que sale de dentro del corazón.

El mal vive en el hombre, pero no le entra del exterior, sino que habita ya, por el pecado en él. Su corazón está herido y en él se fragua las malas intenciones del hombre. Eso es lo que hay que purificar y cambiar, nuestros corazones tocados por el pecado. Y para eso necesitamos la Gracia de Dios.

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