jueves, 2 de febrero de 2017

Tú, igual que yo, también hemos sido presentados en el templo el día de nuestro bautismo. La diferencia es que Jesús se ha dejado llevar por el Espíritu Santo, y, quizás, nosotros no le hacemos ni caso. Él, a pesar de actuar libremente, cumple la Voluntad de su Padre. Ha venido para eso.

Precisamente, en el momento de su presentación en el Templo, Simeón, llevado allí por el Espíritu Santo, y habiendo recibido la promesa de que no moriría sin ver al Mesías prometido, advierte en el Niño Jesús su divinidad mesiánica y proclama que es el enviado por Dios para alumbrar a todas las naciones.

También nosotros hemos recibido al Espíritu Santo en la hora de nuestro Bautismo, y, abriéndonos a su acción, podemos también cumplir con los mandatos del Señor. Claro, tenemos la opción de negarnos, pues somos libres para hacerlo. Pero, no podremos justificarnos si no lo hacemos, pues la Gracia del Espíritu Santo nos ayudaría a cumplirlos.

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