miércoles, 1 de febrero de 2017

Se hace difícil valora a alguien de nuestra casa. Su cercanía, su conocimiento y sus orígenes nos acostumbran a no darle importancia. Y dependiendo de sus raíces le valoramos. De modo que a alguien de procedencia humilde nos cuesta mucho darle importancia y valor.

Es cierto, y lo sabemos por experiencia que nadie es profeta en su tierra. Cuesta realmente destacar y se notorio entre los tuyos. Posiblemente la confianza, la convivencia y la confianza nos hacen ver su obra con cierta indiferencia y poco interés. Hasta el punto que la desvaloramos o le damos la espalda.

Eso lo vivió Jesús de Nazaret en su propio pueblo. Allí poco pudo hacer y tuvo que ir a otros lugares para misionar su obra y proclamar su Palabra. Ocurre que también hoy sucede lo mismo, pues oímos su Palabra por amigos, vecinos y personas de nuestro entorno sin hacerle mucho caso ni ponerle atención.

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