¿Doy
salida a mis sentimientos y actuaciones con la alegría que debe caracterizar a
un cristiano que se sabe acompañado y liberado de la esclavitud del pecado?
Señor,
de nada me valen mis oraciones, eucaristías y rezos si no hago tu Voluntad que,
precisamente es servir a los demás, sobre todo a los más pobres y necesitados.
Transforma mi corazón y hazlo servicial por amor.
Me interpelo hasta el
extremo de preguntarme:
¿Quién soy yo?
¿Qué hago con mi vida?
¿Facilito que otros
descubran en mí la alegría de ser cristiano y que mis acciones los orienten a
conocer a Jesús?
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