Nos hará bien, como hizo
Juan, cultivar la virtud de hacernos a un lado en el momento oportuno,
testimoniando que el verdadero punto de referencia de la vida es Jesús.
Cada día es una nueva
batalla. Una batalla que, sin Ti, Señor, la perderé, porque solo donde Tú estás
reina la paz y la felicidad. Sin Ti, Señor, nada tiene sentido y todo es camino
de muerte.
Hacerse a un lado, aprender a despedirse:
he cumplido esta misión; ahora me hago a un lado y dejo el sitio al
Señor.
Esa es nuestra asignatura pendiente: aprender a desaparecer, no
pretender nada a cambio para nosotros.
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