Es evidente que
necesitamos pedir, buscar y llamar. Toda mejora en nuestra vida está en
proporción directa con nuestros esfuerzos. Ahora bien, nuestra salvación es un
regalo del Señor, y a Él tenemos que pedírsela.
Nada espero de este
mundo. Todo lo hago por amor y gratuitamente, sin esperar ninguna recompensa,
porque mi recompensa viene de Dios.
Muchas de nuestras oraciones parecen no tener resultados. Nos ha pasado a todos. A veces las puertas se nos cierran. Es precisamente en esos momentos cuando el Señor nos invita a insistir, confiar y no rendirnos.
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