Por naturaleza, nuestras ambiciones buscan
colmar nuestros deseos en este mundo, y a conseguirlo nos entregamos. Sin
embargo, pronto descubrimos que no logran llenarnos plenamente.
Sé, Señor, que estás ahí en mi presencia aunque no te pueda
ver ni percibir. Sé que caminas conmigo aunque no sienta tus pasos. Y sé que me
buscas, me quieres y me ofreces tu Amor Misericordioso, y eso, Señor, me basta.
Nos cuesta descubrir que nuestra meta no está en este mundo, sino en aprender, a través de él, a amar sirviendo a los demás, especialmente a los más débiles y pobres.
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