En lo más profundo del corazón humano
reina el deseo del bien. Y, a pesar de estar herido por el pecado, vive en la
esperanza de encontrar el amor, la justicia y la paz.
Señor, sabes que estás invitado a
subirte a mi humilde barca. Mi vida es tuya y, aunque me la has regalado sin
pedirme nada a cambio, yo quiero ponerla en tus manos. Contigo navego seguro.
Desde ese deseo profundo de amor,
descubrimos que Dios nos ama y que por amor entregó su Vida por nosotros.
Pidámosle que también nosotros aprendamos a amarnos como Él nos ama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.