Es evidente que
heredamos rasgos y costumbres de nuestros padres, pero por encima de todo,
hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza, un Padre que nos ama
misericordiosamente.
Cada día, Señor, te digo
que quiero seguirte; cada día, Señor, me confieso seguidor tuyo, pero también,
Señor, cada día te vuelvo a fallar. Soy esclavo, aunque me cueste reconocerlo,
de mis pasiones y de mis pecados. Sin embargo, Señor, confío y espero en Ti mi
liberación.
Nos ha creado a su imagen y semejanza, y por eso estamos llamados a amarnos con misericordia: la misma que recibimos de Él y que, como hijos suyos, estamos invitados a ofrecer a nuestros hermanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.