A quien quiere seguirlo,
Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para llenar
los vacíos de amor que existen en los corazones, en las relaciones, en las
familias, en las comunidades y en el mundo.
Señor, creo en tu
presencia aunque no pueda entenderlo y me asalten siempre las dudas. También
creo que existo por tu amor y que si tengo posibilidad de ser feliz y eterno es
por tu infinito Amor Misericordioso. Dame, Señor, la fe de creerlo firmemente.
Desear el bien a quien
nos ha herido y aspirar a la perfección del amor puede parecernos abrumador.
Por eso reconocemos nuestra impotencia y suplicamos al Señor la fortaleza
necesaria para vencernos a nosotros mismos… y aprender a amar incluso al
enemigo.
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