Nos puede dar miedo no tener todas las piezas del rompecabezas o
movernos en los pantanosos terrenos de la duda. Pero la duda no es la enemiga
de la fe, sino el miedo.
Señor, ordena mi vida hacia el bien, la caridad y la misericordia. Soy
consciente de mis debilidades y necesito tu fuerza para que mi vida sea
coherente con mis deseos de vivir en tu Voluntad. En Ti confío, Señor.
La verdadera transformación se da en el caminar diario de la fe, enfrentando miedos y avanzando desde la confianza, sabiendo que Él nos acompaña en cada paso del camino.