Nuestra vida está
rodeada de frecuentes disensiones en la familia, en el trabajo e incluso en el
tiempo de ocio. Sin embargo, en medio de todas ellas, estamos llamados a no
perder la serenidad y a escuchar antes de juzgar.
Gracias, Señor, porque
has enviado al Espíritu Santo para que nos recuerde todo lo que nos dice tu
Palabra. Sin Él estaríamos desorientados. Haz, Señor, que mi corazón permanezca
abierto a tu Palabra.
Se trata de comprobar si
somos capaces de caminar juntos, de escucharnos de verdad, de vencer la
tentación de encerrarnos en nosotros mismos y de abrirnos a una acogida
sincera, con gestos concretos de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.