Nuestra curación llega
al mirar la cruz, al mirar a Dios que asume nuestros pecados. Muchas veces
nuestra vida se consume inútilmente en el desierto de la tristeza porque no
queremos vivir al estilo de Dios.
Señor, mi vida pasa poco
a poco y no da los resultados que yo quisiera. No sé si te gusta mi vida,
Señor, pero mi preocupación y meta es responder a tu amor lleno de
misericordia. Y en eso me encuentro y eso te solicito.
Este mundo no puede
darnos la felicidad que buscamos. Sin embargo, Dios nos la ofrece en su Hijo.
En nuestras manos está acogerla o rechazarla.
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