La ley está para
cumplirse, pero la misericordia abre un camino nuevo: el de la conversión y la
restauración de la dignidad.
Espíritu Santo, toma mi vida y dirígela, fortalécela en el Amor y la
Misericordia de Dios, transformándome en fruto del Espíritu Santo, para que
emanen caridad, misericordia y entrega a través de cada poro de mi cuerpo.
La ley no es un fin en sí misma; primero está el bien de la persona. La compasión tiene un valor superior, porque libera y salva.
Cumplir la ley en plenitud es hacer el bien.
Cumplir la ley en plenitud es hacer el bien.
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