Seguir a Cristo no es una pérdida,
sino una garantía incalculable. Mientras que la renuncia se refiere al
obstáculo que impide el camino y que trata de impedirnos el seguimiento.
Soy débil, lo reconozco, y por
eso, Señor, necesito tu amistad y tu presencia en cada instante de mi vida para
que me endereces; para que me fortalezcas y para que llenes mi vida de amor,
misericordia y esperanza.
Dejémonos conquistar por su mirada de amor que nos libera de la seducción de los ídolos, de las falsas riquezas que prometen la vida pero traen la muerte. No tengamos miedo de acoger la Palabra de Cristo y de aceptar su llamada (Papa Francisco, 29-06-2021).
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