martes, 14 de agosto de 2018

En nuestras familias, incluso cristianas, preparamos a nuestros hijos para que puedan acceder a los primeros puestos. Por eso, les enviamos a los mejores colegios y les damos todas las facilidades para que se preparen para alcanzar éxito en la vida. Ponemos a su alcance todo lo que está en nuestras manos.

Pero, ¿qué es el éxito? ¿Acaso es ser el primero, el más fuerte o el mejor? No parece que eso es lo que nos dice Jesús. Él piensa de otra forma y se fija en los más pequeños y también más necesitados. Nos invita a prepararnos lo mejor que podamos, ¡eso sí!, pero no para ser los mejores y triunfadores, sino para servir.

Ya en nuestro bautismo hemos sido configurados en Cristo como sacerdotes, profetas y reyes, y eso significa que tenemos que ser reyes en ser líderes. Líderes en servicio, es decir, estar preparados para ser los primeros en servicio a los más necesitados, a los pobres y pequeños que depende de nosotros. Es entonces cuando ocuparemos en verdad los primeros puestos.

lunes, 13 de agosto de 2018

A veces también nos ocurre a nosotros que cogemos lo peor, lo que no da esperanza sino llena de tristeza y angustia. ¿Acaso no nos dice Jesús que va a sufrir, pero que al tercer día resucitará? ¿No es eso lo más importante y la buena Noticia? Lo que importa no es lo que suceda, sino como termina ese suceso. Y la Resurrección es la gran esperanza de nuestra fe.

Y eso es lo que no debemos perder de vista, la resurrección, porque teniendo eso presente recordaremos siempre que la vida vence a la muerte. Es decir, el bien al mal; el amor al pecado. Eso nos fortalece y nos ayuda a sostenernos firmes y alegres. Jesús triunfará y con Él también nosotros triunfaremos.

La Resurrección es el fundamento de nuestra fe. A veces nos resignamos esperando la hora de nuestra muerte cuando estamos llamados a la vida y a la resurrección. También nosotros tendremos que padecer y compartir nuestra muerte con el Señor, pero nunca perdamos de vista que estamos llamados a triunfar y a resucitar.

domingo, 12 de agosto de 2018

Solemos darle importancia a las cosas dependiendo de quién nos las diga. Si lo que oímos viene de alguien a quien nosotros le damos importancia y notabilidad, escucharemos y recogeremos eso que nos dice, pero si viene de alguien al que consideramos pequeño, igual o menos que nosotros, murmuraremos y nos costará más escucharle  y atender lo que dice.

Por desgracia eso nos suele pasar, y también le sucedió a Jesús. Sus paisanos no le entendieron y, ahora, tampoco le entendemos nosotros. Posiblemente, el Señor nos hable ahora a través de alguien. Alguien sencillo y humilde que está a nuestro lado, pero nos parece de poca importancia y que nada nos puede aportar.

Y cerramos nuestros oídos y nuestros ojos, y no queremos escucharle ni verle. Hay muchos toques en nuestras vidas que nos sorprenden, y, aunque deben ser discernidos y minuciosamente examinados a la luz del Espíritu Santo, pues el diablo también está al acecho para engañarnos y agobiarnos, tenemos que estar despiertos y atentos a lo que el Señor nos comunica. El gozo de saber y experimentar que hemos hecho lo que debíamos nos aclara y nos descubre que estamos en sintonía con el Señor.

sábado, 11 de agosto de 2018

Nos empeñamos en entender lo que no nos es posible. Exigimos que se nos aclare las cosas cuando nuestras limitaciones son incapaces de comprender. Y no creemos que para el Señor no haya nada imposible. Es eso lo que tenemos que creer, que en Jesús y por Él podemos conseguir hacer el bien y ayudar a muchas personas.

Necesitamos fe, pedir la fe y abandonarnos en el Señor. La fe derriba todas las barreras que nos impiden ver y superar todos los obstáculos que nos dificultan caminar y avanzar. Pero, nos exige perseverancia y no desfallecer. Estar activos y nunca dejar de pedirle al Señor que nos fortalezca en la esperanza y en su Gracia.

La vida, nuestra propia vida es un milagro. Pensemos que nos la ha dado Dios y que Él también nos la quiere, después de habérnosla regalado, que la hagamos eterna y plena de felicidad y gozo. Eso nos ayuda a fiarnos de Él y a depositar en Él todas nuestras esperanzas. Sí, Señor, creemos en Ti.

viernes, 10 de agosto de 2018

¿Qué significa dar la vida? Tiene muchos significados o diferentes puntos de vista. Puedes dar la vida entregándote al servicio de los demás; puedes dar la vida colaborando en tareas que pueden hacer que el mundo vaya mejor; puedes dar la vida tratando de poner una sonrisa en mucha gente sin sonrisa. Hay muchas formas de dar la vida.

Lo único importante es que tu vida dé frutos. Frutos que sirvan para alimentos de los que no tienen nada que echarse a la boca o carecen de cosas necesarias para vivir. Frutos que acompañen en los momentos que otros se sienten solos o que arrojen luz en aquellos que están desorientados o buscan orientarse.

Hay mucha gente que no descansa o que se siente estresada. Y hay muchas vacaciones que al final son el resultado de sentirte estresado y deseoso de verdaderamente descansar. Porque, sólo descansas cuando te das y creyéndote cansado experimentas que descansas. Porque, quien se entrega y busca la verdad y el bien encuentra realmente el verdadero descanso

jueves, 9 de agosto de 2018

La vida que Jesús nos propone también tiene un coste. Es gratuita, es decir, no hay que comprarla. Se nos regala, pero sí tiene un coste y hay que costearlo. Un coste que tiene unas herramientas específicas que Jesús pone a nuestro alcance: la oración, la Eucaristía, su Palabra, el sacramento de la Reconciliación…

Son esas herramientas las que nos van a permitir tener nuestro corazón ardiente, deseoso de un encuentro con Jesús cada día y en constante vigilancia de su presencia. Por lo tanto, cuidemos nuestros corazones y nuestras almas, porque no se pueden tener encendidas y ardientes de cualquier forma.

Las tentaciones y seducciones del mundo están vigilantes para aprovechar cualquier despiste, acedia o bajón que tengamos para desengrasarnos y romper nuestra dinámica de perseverancia. No nos dejemos engañar ni seducir por el Maligno que quiere dormirnos. Pongámonos a preparar nuestros corazones para esperar vigilantes la venida del Señor.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Cuando algo se hace vida dentro de nosotros termina por salir a afuera y hacerse realidad. Algo en lo que se cree y por lo que se lucha y se busca. Sobre todo en lo que respecta a la fe en nuestro Señor Jesucristo, porque, para Dios no hay nada imposible.

Así lo creyó aquella mujer que no la detuvo nada hasta conseguir que Jesús la escuchara. Y tampoco le impidió que desistiera de su propósito la respuesta que Jesús le dio. Ella estaba convencida de que Jesús podía y así se lo propuso sin desmayo.

Porque, Tú, Señor has venido a salvar a todos por igual. Sólo exiges que crean en Ti, y aquella mujer extranjera tuvo una fe grande como Tú mismo descubriste. También nosotros, Señor, queremos decirte: « ¡Señor, socórreme!».